La Quinta Normal, en los inicios de todo esto, fue un lugar triste muy triste.
Cuando aún no nacían, mamá estuvo dos veces internada en el hospital por que necesitaba cuidados extras para que ustedes nacieran bien. A la hora de almuerzo, me tocaba mucho rato sin estar con ella y me iba a caminar a este parque, solo, triste, con la cabeza llena de pensamientos y lágrimas y fotos que nunca tomé. La música también era triste. Uno tiende a engrandecer la pena con canciones tristes muy tristes y llora en silencio para no ahogarse ni ahogar al mundo con la tristeza.
Al tiempo, ustedes eran los que quedaban en el hospital mientras con mamá caminábamos por aquí. Volvían a haber lágrimas y penas que en silencio nos acompañaban en estas caminatas desoladas y con el amor confundido entre la pena y la rabia. Eran tiempos difíciles muy difíciles.
Ahora, al tiempo de todo eso, caminamos los cuatro por los mismos caminos polvorientos, embarrados, con hojas o pasto de este parque. Los llevamos cerca de nuestros corazones, cargados en nuestro pecho, latido contra latido, aliento contra aliento.
Ahora el parque volvió a ser un lugar feliz y, ahora, mucho más hermoso que antes.
El volantín ahora vuela libre por la Quinta Normal.