Día de campo.
El Antu cumplía un año y la celebración fue en la casa de su papá y de sus abuelos, papás de su papá.
Una casa maravillosa metida al medio del campo painino, entre cerros y lomas que logran arremolinar al viento y al veraneante. Casa de adobe, mesa bajo la parra, gallinas y olor a caca de vaca.
Por la tarde, pasamos un rato donde los bisabuelos. Estaban allí los tatas Eli y Emilio y el tío Allan, también.
Día productivamente familiar y de relajo del alma.















